Las últimas hazañas del buque de aprovisionamiento de combate (BAC) Patiño, han traído a colación el porqué de la elección de su nombre. La Armada española nos recuerda en estos días el homenaje que con este bautismo quiso hacerse a José Patiño Rosales, nacido en Milán en 110, de noble familia gallega afincada en ese territorio, entonces español como gran parte de Italia. Un interesante recorrido histórico que merece la pena recordar.

 José Patiño fue el verdadero creador de la Marina Española moderna 

DENFESA.com, 19 Ene. (Madrid).- Iniciada en Italia su carrera política, se trasladó a Madrid, en plena Guerra de Sucesión, logrando el cargo de Consejero de Órdenes. En 1711, siendo Intendente de Extremadura y del Ejército de Extremadura y Castilla, hizo labor tan acertada que fue elegido, en 1713, Superintendente General de Cataluña, efectuando notables reformas que lo elevaron, en recompensa, en 1717, a Intendente General de la Marina de España, Superintendente del Reino de Sevilla y Presidente de la Casa de Contratación. 

Así pues, el paso fundamental que debía de darse para enfrentar con seriedad y rigor la organización y modernización de la Armada, el de encontrar una persona con dotes organizativas demostradas, conocimientos, experiencia e inteligencia, capaz de abordar tan extraordinaria tarea, lo dio el Monarca al elegir, con indudable acierto, a don José Patiño, como la persona destinada a llevar a cabo tan complicada labor. 

Las amplias facultades que le otorga el título de su nombramiento, las utiliza Patiño para tejer un entramado de disposiciones sobre las que basar el resurgir de la Marina de Guerra y, por ende, el crecimiento del comercio; disposiciones tan trascendentales que le llevan a reorganizar o instituir cuerpos militares como, por ejemplo, en el mismo 1717, el Cuerpo del Ministerio –hoy el Cuerpo de Intendencia de la Armada-, su criatura más preciada, al que atendió prioritariamente y en el que se basó el desarrollo de la Real Armada durante, al menos, toda la primera mitad del siglo XVIII, llenándolo de contenido a través de diferentes disposiciones que, prácticamente, le otorgaba todo el poder no militar de la institución. 

Sin pérdida de tiempo, Patiño puso manos a la obra, iniciando una labor creadora y legisladora, que dura los casi veinte años que median entre su nombramiento como Intendente y su muerte, en 1736, ya como Secretario de Despacho, desde el 21 de mayo de 1726. Los primeros tiempos son particularmente activos, emprendiendo ya desde 1717 las profundas reformas que la Armada necesitaba.           

Entre las múltiples disposiciones dictadas en estos primeros tiempos podríamos citar, entre otras muchas, la creación de la Comisaría de Ordenación y Contaduría Principal de la Marina, la de los primeros batallones de Infantería y las brigadas de Artillería de Marina, la fundación, en 1718, de la Real Compañía de Guardiasmarinas, la Ordenanza para el establecimiento e Instrucción de Intendentes y para Tesorero General, Pagadores y Contadores del Ejército y Provincias, del 4 de julio del mismo año, las Ordenanzas de 1717, las de 1720 –para el Intendente General y subordinados-, las de Arsenales de 1723 y las de 1725, llamadas de Patiño. 

Es 1726 el año de la promoción de Patiño a la Secretaría de Estado y Despacho de Marina e Indias, cargo al que llega envestido de una gran experiencia y preparación, con amplios conocimientos de la Marina y sus problemas, alcanzados durante su etapa anterior como Intendente General de la Marina de España, y manifestados, aún durante ese periodo, en un clarividente informe a Felipe V, en 1724, que había solicitado el mismo Soberano. El ascenso a la Secretaría de Estado supuso para Patiño la continuación de su labor organizativa, ahora desde la cima del poder, dotando a la institución de nuevas estructuras y completando un corpus jurídico necesario y coherente del que se carecía hasta el momento.           

Los comienzos de Patiño como Secretario de Estado de Marina son, como fueron sus comienzos de Intendente General, de una gran actividad en todos los órdenes. En el citado informe, había hecho expresión de sus ideas, netamente favorables a la construcción en España de los navíos necesarios, en astilleros propios del Estado, por el ahorro que supondría en relación con los adquiridos en el extranjero o encargados a particulares; para mayor economía, estos astilleros deberían de situarse en el mismo lugar en que se construyesen los futuros arsenales. Así pues, una vez llegado a la Secretaría de Estado, se puso manos a la obra, para plasmar sus ideas en la realidad: dividida la costa en tres departamentos, en 1726; iniciado, ya anteriormente, el Arsenal de la Carraca y comenzado el de Ferrol, en La Graña, en el mismo año -por supuesto, con sus respectivos astilleros-, le correspondió el turno al Arsenal de Cartagena, en 1728. Además, trató de impulsar las Matrículas de Mar; se crearon escuelas de Pilotos en Ferrol y Cartagena; creó el Cuerpo de Cirujanos de la Armada, en 1728, y promovió la construcción de hospitales navales en los tres Departamentos.

 Con todo, lo más importante fue la construcción de barcos, en que se pasó de la nada más absoluta a las sesenta unidades de diferentes clases, constituyendo la revitalización de nuestra Marina el asombro de las potencias de la época.